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por Karla Barquero, Bióloga del Proyecto
Cambiar una cultura lleva tiempo, y lamentablemente en el tema del reciclado no llevamos mucho tiempo. Por eso es cada vez más urgente tomar acciones concretas, por insignificantes que parezcan y, ojalá contagiar a tantos grandes y pequeños como sea posible, en la emoción de saber que se está haciendo una diferencia para hacer de este planeta un mejor lugar para vivir. Uno a uno, de esfuerzo en esfuerzo, los efectos acumulados de las acciones individuales se convierten en una gran acción colectiva. Y es en esta premisa que se sustenta la conmemoración anual de fechas importantes, como el Día Mundial del Ambiente celebrado cada 5de junio. Promulgado por las Naciones Unidas en 1972, cada año esta celebración inspira a millones de personas ordinarias a realizar acciones extraordinarias. La meta común: contribuir al cuidado de nuestro ambiente para tener una mejor calidad de vida para todos, las personas y los millones de seres vivos con los que compartimos este maltratado planeta. Zacate crecido, botella de gaseosa arrugada, bolsa plástica a la deriva, charco sucio, lata de cerveza descolorida, trillo de zompopas, caja de cartón maltrecha mojada por el último aguacero, pedazo de la bola vieja, muñequito de superhéroe enterrado medio cuerpo en el barro. Esto bien podría ser parte de una descripción general de muchas plazas de fútbol de barrio en el mundo. El centro de actividades sociales de la comunidad suele también cargar con la pena de servir de museo a los desechos de varias generaciones de vecinos y domingos de partido. Vienen los vecinos, vienen las bolsas y botellas; se van los vecinos, quedan las bolsas y botellas. Dependiendo del material, algunas cosas quedan por unos 500 años más, de hecho. Y no es mala intención, ni de los vecinos ni de las botellas. Es nada más parte de una cultura de consumo con muy mala memoria, que olvida los objetos tan pronto estos se “caen” accidentalmente de sus manos. Esto se suma a un poco de ignorancia acerca de la dimensión del daño que causamos con nuestras acciones, pues no siempre la naturaleza se encarga de desaparecer nuestros desechos. Así crecimos, así enseñamos y les damos el ejemplo a nuestros hijos y así, precisamente, llenamos este único planeta de basura. Con esta realidad en mente, desde el Proyecto Naturaleza y Comunidad lanzamos en junio de 2010 la campaña “Por una comunidad más limpia”. El objetivo fue promover la recolección de los desechos reciclables acumulados en las comunidades por medio de una sana competencia entre equipos de niños, todos participantes de nuestro Programa de Educación Ambiental. Trece equipos de cuatro escuelas se inscribieron, para un total de 68 participantes. El reto: recolectar tanto vidrio, papel, plástico, cartón y tetrapack como fuera posible, para rescatarlos de una lentísima descomposición en las calles, plazas o en el basurero municipal, y dar un nuevo uso a todo ese material. A pie y en bicicleta, kilos y kilos de desechos fueron llegando en sacos y bolsas a las escuelas. Desde allí fueron trasladados al Centro de Acopio de Giga Sarapiquí-COBAL, para el conteo final y su entrega a las empresas recicladoras. Las plazas de los barrios respiraron aliviadas de tanto peso acumulado por años. El lunes siguiente, en asamblea frente a toda la escuela, los participantes contuvieron la respiración mientras escuchaban el anuncio de los resultados finales. En sólo tres semanas, entre todos recolectaron 1705 kg de desechos de sus calles, plazas y viviendas. Equipos como los ”Pumas”, los”Titís”, ”Ayudantes de la Naturaleza” y ”Amigas y Amigos de la Naturaleza” habían contribuido a limpiar su comunidad, con ayuda de sus padres y vecinos. Razón de sobra para recibir con orgullo el aplauso de sus compañeros y maestros, y aceptar un premio simbólico como reconocimiento a su esfuerzo por dar al ambiente un respiro para continuar con sus ciclos naturales. Con el lanzamiento de esta campaña, se reactivaron también los programas de separación de desechos de estas escuelas. Gracias al Programa de Reciclaje de COBAL en Sarapiquí, podremos continuar apoyando estas iniciativas con el transporte y acopio de los desechos, lo cual refuerza además la labor de los maestros y nuestro Programa de EducaciónAmbiental en la zona. Agradecemos al departamento de Responsabilidad Corporativa de COBAL por su apoyo con esta iniciativa, y esperamos no sea esta la última vez que disfrutamos una grata experiencia como esta. |








